RELIGION EN GUYANA

hggg.jpg


Cuyo nombre oficial es República Cooperativa de Guyana, es un país situado al norte de América del Sur, miembro de la UNASUR. Limita al norte con el océano Atlántico, al este con Surinam, al oeste con Venezuela y al sur con Brasil. También suele denominársele Guayana Británica, su nombre antiguo cuando era una colonia británica.
Las dos terceras partes del occidente del país son reclamadas por Venezuela, zona llamada por ésta como Guayana Esequiba; también su otro vecino, Surinam, reclama para sí una parte del territorio oriental.
ndice.jpgLa religión también establece una línea divisoria entre la población. Según el desglose de las religiones de Guyana en base al censo de 2002, los cristianos representan el 57% de la población (de los cuales el 16,9% son pentecostales; 8,1% Católicos Romanos; Anglicanos 6,9%; 5% de Adventistas del séptimo día y el 20% de otras denominaciones cristianas); el 23,4% son hindúes; 7,3% musulmanes; 0,5% rastafaris; el 0,1% bahaíes; 2,2% otras religiones; y el 4,3% sin religión. La mayoría de los cristianos de Guyana son protestantes o católicos romanos e incluyen una combinación de todas las razas. Los cristianos predominantemente los adscritos a la Iglesia de Inglaterra, son de etnia africana. La comunidad india que llegó al país a principios de siglo XIX profesa mayoritariamente el hinduismo, aunque existe un porcentaje de indo-guyaneses que se adscribe al islam junto con algún afro-guyanés.
Religión
Cristianismo (50%), hinduísmo (35%), islamismo (10%)
Iglesia Pentecostal Dios es Amor, en la capital: Road-Bourda 10 North
El Catolicismo Romano y las religiones protestantes son las religiones predominantes. La Guayana Francesa tiene además una numerosa comunidad protestante. Guyana y Surinam son excepciones con tres religiones principales: Cristianismo, Hinduismo e Islamismo.
Además, en algunas regiones la religión se ha visto influenciada por las deidades precolombinas, que se han mantenido en algunas creencias y ritos, Sobre todo en Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador

Creencias Religiosas

Las creencias religiosas son ideas consideradas como verdaderas por quienes profesan una determinada religión
creencias_religiosas.jpg
Las creencias religiosas son el fundamento de las religiones y del culto religioso.
Una religión comprende no sólo las creencias religiosas sino también la puesta en práctica de las mismas, a través de ciertos actos especiales (ritos o rituales religiosos, a los que en sentido restringido a veces también se los denomina culto. Por medio de estos actos, el practicante cree que puede comunicarse o congraciarse con Dios.
Las religiones reconocen en general un fundador, quien establece las doctrinas religiosas, que incluyen las creencias religiosas y todo tipo de orientaciones morales y vitales, incluyendo cuestiones políticas, sociales e ideológicas. Todas ellas son de muy variada interpretación (exégesis) posterior.
La mayoría de las religiones poseen sus fuentes teológicas, un determinado o indeterminado número de escritos o tradiciones orales que consideran, ya sea inspirados o revelados por Dios (y por lo tanto sagrados Sagradas Escrituras), o no inspirados pero de provecho espiritual. Entre otros están la Biblia, el Corán, la Torá, el Bhagavad Gita, etc.
Las creencias religiosas se refieren a un estado mental en el que se pone la fe en algo sobrenatural, sagrado o divino (en terminología de Mircea Eliade "numinoso"). Tal estado se relaciona con:
La existencia, características y culto hacia una deidad o deidades;
La intervención divina en el universo y la vida humana (Providencia)
Los valores y prácticas centradas en las enseñanzas de un líder espiritual
En contraste con otros sistemas de creencias, las creencias religiosas están, habitualmente, codificadas.
La Guayana Venezolana
Una de las regiones más antiguas del mundo y más interesantes del país, es la Guayana, aquella tierra que se encuentra al Sur del Orinoco. Es una región única en sus paisajes, seleccionada numerosas veces para filmar películas tales como "Aracnofobia" de Stephen Spielberg, o "Jungle to Jungle" y "Dinosaurios" de Disney, por lo especial de sus vistas. Si Usted está buscando un lugar único, distinto a todo lo que ha visto previamente, esta será su elección.
Es en esta zona donde se encuentra el Salto Angel, la catarata más alta del mundo y la Laguna de Canaima, con sus saltos de agua espectaculares.
saltonageldesdeabajo_1.jpgSalto Angel






En la vía hacia Brasil, se encuentra la Gran Sabana, con sus tepuyes, esas montañas con paredes verticales, en cuya cima se consiguen ecosistemas únicos en el mundo.
Situada en la parte más angosta del Orinoco, Ciudad Bolívar (Antes Angostura) nos ofrece una ventana a la historia de Venezuela y a su independencia, en sus calles, plazas y museos, así como una visión del arte moderno en el extraordinario museo "Jesús Soto", uno de los artistas plásticos más importantes del mundo.
Laguna de Canaima07canaima_2.jpg






Vista de Ciudad Bolívarcan4_3.jpg
lloviznayptoordaz_5.jpgParque La Llovizna y Puerto Ordaz al fondo
Ciudad Guayana, formada por la unión de Puerto Ordaz y San Félix, es una ciudad pujante y moderna, gracias al desarrollo de las industrias pesadas del hierro, del aluminio y de la hidroelectricidad. Sus parques naturales, La Llovizna y Cachamay, son dignos de ser visitados.
En el noreste de América del Sur, hay una región que se diferencia del resto del continente suramericano y se asemeja más a los estados del Caribe por su singular mezcla de razas, religiones, idiomas y rasgos culturales. Por ejemplo, la República Cooperativa de Guyana, que cuenta con una población de 730.000 habitantes de los cuales 49 % son de origen indio, 32 % de raza negra y 12 % producto del mestizaje. Asimismo, existe una minoría amerindia de 6% y otra blanca de 1 %. En cuanto al aspecto religioso, se practica el cristianismo, el hinduísmo y el islamismo, y en cuanto a la faz linguística se habla inglés, hindi y urdu y dialectos amerindios.
Pero detrás de ese panorama multicultural y multiétnico, una historia de sufrimiento netamente americana yace oculta. Sabemos de sobra cómo los conquistadores europeos arrasaron de varias maneras con la población local después de la conquista, y también sabemos que en su reemplazo importaron esclavos africanos para trabajar en plantaciones. Pero poco se sabe de una migración de más de medio millón de "trabajadores contratados" de la India que ha dejado en la región una impronta socio cultural ineludible que se manifiesta aún en el presente.
Es necesario considerar esta especie de enclaves étnicos dentro del panorama de migraciones que desató la Revolución Industrial, una época signada por la búsqueda de nuevos mercados y materias primas, la expansión imperial y la colonización de Australasia y América por parte de Europa. Pero es un capítulo oscuro y vergonzoso que ha quedado semi oculto y negado hasta por los mismos indios quienes, según refirió el gran novelista trinitense V. S. Naipaul en la primera conferencia sobre los trabajadores indios en el Caribe en la Universidad de las Indias Occidentales en 1975: "Hay una falta de conocimiento de la comunidad india: de parte de las demás comunidades y también de parte de la comunidad misma. Olvidamos, no tenemos idea de nuestro pasado, y eso es parte del problema..."
La emigración de trabajadores indios contratados al continente americano es parte de un gran movimiento poblacional que suma alrededor de 1.400.000 trabajadores de la India -incluyendo a sus familias- que emigraron a Natal, Kenia, Uganda, Mauricio, Fiji, Malasia, Reunión y las Seychelles.
En el caso particular del continente americano, ocurrió que, tras la abolición de la esclavitud, los dueños de las plantaciones se encontraron con un déficit de mano de obra, puesto que los esclavos libertos abandonaron las plantaciones para distanciarse de la degradación a la que habían estado sometidos. El período de transición llamado "de aprendizaje" (1834-1838) que siguió a la abolición fue incluso peor que la época de la esclavitud ya que los dueños de las plantaciones querían sacar el máximo provecho de los trabajadores que iban a perder o a los que tendrían que contratar en el futuro. Una vez libres, los esclavos negros trabajaban cuando necesitaban comprar algo y se internaban en la selva a vivir en comunidades libres en las que intentaban recrear las huertas y jardines que recordaban de África. Los que quedaron en las plantaciones tarde o temprano se marchaban debido a la baja paga. Este "abandono" de las plantaciones provocó un gran desequilibrio en la industria azucarera, y los dueños de las plantaciones -representantes de uno de los lobbies más poderosos del imperio británico- comenzaron a presionar al parlamento para que actuase con urgencia para evitar las graves y ruinosas pérdidas que sufrían en el cultivo de sus propiedades. La importación de mano de obra barata era la solución más plausible.
Desde la abolición de la esclavitud en el imperio británico en 1807, se había experimentado con trabajadores de otras regiones. A partir de 1806, arribaron contingentes de trabajadores chinos a Trinidad, Jamaica y Guyana Británica, pero como provenían de una clase mercantil y no eran agricultores, pronto abandonaron las plantaciones y se dedicaron al comercio. Entre 1834 y 1880, también se importaron trabajadores portugueses de las islas Madeira y Azores a Guyana Británica, Jamaica, Trinidad, San Vicente y Granada, pero este experimento también fracasó debido a que los portugueses eran viñateros y nada sabían de cultivar la caña de azúcar, además de que muchos perecieron por las condiciones insalubres del lugar. Tampoco prosperó la iniciativa de llevar a Trinidad negros libertos del Canadá en 1840, ya que encontraban las condiciones en la isla inferiores a las de su antiguo hogar.
En la primera mitad del siglo XIX, los dueños de las plantaciones de las Indias Occidentales se enteraron de los resultados positivos que había tenido el empleo de trabajadores indios del subcontinente asiático en Mauricio y consideraron que la solución a sus problemas llegaría con la ampliación de ese sistema de reclutamiento. Los informes escritos alababan la naturaleza dócil y la dedicación a la agicultura de los trabajadores indios.
No obstante, resulta difícil imaginar qué podría haber impulsado a aquellos indios del siglo XIX a abandonar su país y aventurarse a cruzar la Kala Pani (las aguas oscuras) siendo que, según lo establecen sus tradiciones, tal aventura implicaba perder el marco de referencia social y espiritual, además de arriesgarse a pasar a ser una persona sin casta, un paria condenado a un ostracismo forzoso. Haciendo un relevamiento del lugar de origen de los emigrantes, queda claro que la mayoría provenían de estados y regiones que contaban con una presencia de hombres blancos de origen británico dedicados al aprovechamiento económico del lugar (no es casual que una de las primeras palabras del hindi que se incorporó al inglés sea loot= pillaje), lo cual explica en parte el estado de miseria en el que estaban sumidos y la deseperación por buscar una vida mejor.
En la práctica, el sistema de contratación de trabajadores no era ni más ni menos que una nueva forma de esclavitud: el maltrato en las plantaciones era moneda corriente, el índice de mortalidad superaba al de natalidad y los pagos eran irrisorios. La falta de consideración hacia los trabajadores comenzaba con el viaje en barco, en cuyas bodegas se apiñaban razas, religiones y castas que jamás se hubiesen rozado en la tierra natal. El índice de mortalidad era altísimo: en uno de los viajes desde Calcuta hacia el Caribe perecieron 120 de las 324 personas.
El hecho de llegar a destino, no obstante, no representaba un gran alivio ya que a partir de allí comenzaban los padeceres en la nueva vida a iniciar. Las condiciones de trabajo eran insalubres, tanto por lo riguroso del clima como por la falta de consideración de los dueños hacia los trabajadores. Durante los primeros años no hubo un flujo constante de trabajadores contratados desde la India pero a partir de la década del 1860 comenzaron a llegar varios barcos anualmente con la preciada carga de mano de obra barata.
Lo vergonzoso de las condiciones de vida de los trabajadores llegó a oídos del gobierno británico, quien envió una comisión investigadora para averiguar in situ cuál era la situación de los inmigrantes indios en las plantaciones. Los testimonios recogidos bastaron para que se emitiera una ordenanza por la cual quedaban terminantemente prohibidos los castigos físicos a los trabajadores contratados. Esa misma ordenanza enumeraba las obligaciones de los trabajadores y los castigos a asignar a los infractores. Por ejemplo, si un trabajador no se presentaba a la revista diaria o no cumplía la labor que le hubiera sido indicada debía pagar una multa altísima o pasar dos meses en prisión sin goce de sueldo. Si un trabajador era encontrado en estado de ebriedad o si contestaba a un superior perdía automáticamente su sueldo. Si no se presentaba a trabajar durante siete días o si era encontrado en un radio de dos millas fuera de la plantación era encarcelado por dos meses. Sin embargo, rara vez se ponían en práctica los beneficios de la ordenanza: garantir a los trabajadores vivienda, hospitales y atención médica. Cabe acotar que algunos dueños de plantaciones donaron tierras y dinero para que los trabajadores pudiesen construir templos o mezquitas, pero eran francamente excepciones a la regla.
ndice.jpg

Después del período de contratación, que podía durar de tres a cinco años, algunos indios compraron tierras y se dedicaron a cultivarla. Otros volvieron a su país de origen. El contrato inicial estipulaba que, una vez finalizado el período en la colonia, los trabajadores recibían un pasaje de regreso a la India cuyo precio había sido descontado del sueldo mensual. En la práctica, llegó un punto en que al gobierno británico se le hacía muy oneroso costear las sumas requeridas y optó por darles a los trabajadores -o venderles a un precio accesible- tierras de viejas plantaciones abandonadas.
Muchos declinaban ese beneficio y regresaban a la India. Algunos volvían a sus aldeas natales en donde podían comprar tierras y vivir cómodamente el resto de sus vidas gracias a los ingresos ahorrados. Pero ocurría con frecuencia que muchos trabajadores eran despojados de su dinero en el viaje de regreso a la aldea --desde Calcuta, por ejemplo-- por bandas de ladrones organizados. Otros repatriados se negaban a recibir sus ahorros una vez llegados a la aldea natal, ya que de esa manera toda la comunidad se enteraría de la pequeña o gran fortuna que guardaba y se convertiría en un blanco de ataques. Muchos otros tenían que enfrentar problemas relacionados con el rígido sistema de castas vigente en aquella época. Los miembros de la casta a la que pertenecía el trabajador que regresaba, o los sacerdotes brahamínicos, podrían exigir grandes sumas de dinero o grandes cenas en honor del grupo en cuestión para que el recién llegado pudiese ser "readmitido" en la casta de origen, posición que había perdido al cruzar el océano y haberse contaminado.
Muchos expatriados se negaban a dar a conocer el nombre de la colonia en la que habían tarabajado para evitar semejante inconveniente. Y en cuanto a los matrimonios celebrados en las plantaciones entre miembros de castas diferentes, muchas veces se daba el caso de que debía producirse una separación forzosa si los recién llegados querían reintegrarse plenamente a la comunidad. Pero por otra parte, algunos trabajadores que regresaban a sus aldeas se daban cuenta de que los años de ausencia los habían cambiado de manera tal que ya no toleraban ni el sistema de castas ni el estilo de vida de la India, por lo que algunos decidían volver a trabajar a las plantaciones.
Como toda historia de esclavitud, el devenir de los trabajadores indios en América estuvo marcado por largos años de sufrimiento. Pero los padeceres no acabaron con la modificación del régimen de las plantaciones ni con la independencia del país de la corona británica. La transición de ser una posesión imperial a ser una nación nueva no estuvo exenta de conflictos que hasta el día de hoy existen y que tiene su origen en la enemistad que surgió entre la comunidad de libertos negros y de trabajadores indios.
Esa tensión se originó por causas múltiples: la gran cantidad de inmigrantes indios que generó temores en la población negra, la separación de las comunidades en cuanto a la distribución habitacional, la falta de compresión mutua en los aspectos culturales, la lentitud en la diversificación de la economía del país y el empleo de las diferencias raciales por parte de los sectores que detentan el poder para beneficio propio.

gg.jpg
La abolición de la esclavitud generó escasez de mano de obra, lo cual obró en beneficio de los libertos. Pero con la importación en masa de trabajadores indios, los sueldos disminuyeron considerablemente, lo cual generó una marcada hostilidad hacia los recién llegados. Si bien es muy complejo analizar un conflicto étnico, se puede argumentar que en el caso de Guyana fueron los factores económicos la causa del inicio de la enemistad comunitario-racial, que luego fue sostenida y ahondada por los esquemas culturales, geográficos y ocupacionales diferentes de las dos comunidades.
Además, las diferencias culturales desempeñaron un papel exagerado y profundizaron el temor mutuo de las comunidades fosilizando los estereotipos. Pero no fueron las cuestiones culturales, económicas ni geográficas las que sumieron a Guyana en una virtual guerra civil sino la introducción de políticas nacionalistas por parte de dirigentes que explotaron esas diferencias en beneficio propio.
Dos esquemas de conducta profundizaron las diferencias entre indios y negros en Guyana: las organizaciones comunitarias que institucionalizaron los modos de vida distintos y los estereotipos negativos mutuos. Tanto las organizaciones culturales como los clubes, lugares de culto, sindicatos y, después de la independencia, partidos políticos (salvo algunas excepciones) dividieron a las comunidades. En cuanto a los estereotipos, los indios ven a los negros como físicamente superiores (la mayorá de los indios son relativamente más bajos, de modo que los consideran una amenaza), económicamente indisciplinados en cuanto a los hábitos de consumo y culturalmente inferiores por haber adoptado un estilo británico. Y por su parte, los negros consideran que los indios son físicamente inferiores, miserables en lo económico porque prefieren comer y vestir mal antes que gastar dinero (lo cual inconscientemente representa una amenaza para la supremacía económica negra) y culturalmente inferiores por no haber adquirido hábitos británicos que en la época del imperio eran un sinónimo de estatus.
Es imposible volver atrás las agujas del reloj para corregir los errores de la historia, reparar injusticias y evitar catástrofes. La presencia de la comunidad india en América Central y del Sur podría ser un elemento cultural de suma importancia si gozara del reconocimiento merecido dentro del marco multi cultural del continente. Sin embargo, su origen y existencia permanecen ocultos. Este ejemplo de una historia que debe ser corregida nos es familiar a todos los latinoamericanos. Y quizás sea tiempo de que volvamos a revisar nuestro pasado para tratar de comprender cómo podemos mejorar nuestro futuro sobre la base de lo que somos -una mezcla de naciones, razas, credos y culturas- que idealmente y siguiendo un camino acertado puede tener un potencial renovador para un continente que ha sabido más de penas que de glorias.